miércoles, diciembre 29, 2010

Musica Romana

El grupo Musica Romana está compuesto por arqueólogos, historiadores, músicos, etnólogos y varios técnicos unidos por una misma pasión por la Historia y la arqueología experimental.

Los instrumentos utilizados han sido reconstruidos ciñéndose fielmente a referencias de la antigüedad y a hallazgos arqueológicos. Musica Romana cuenta, entre otros, con liras, flautas de Pan, arpas, instrumentos varios de percusión e incluso con un hydraulis; los famosos órganos de agua griegos.

Las partituras están basadas en notaciones antiguas tanto como ha sido posible acorde a los restos encontrados. Allá donde no existían datos se ha intentado que la música sea fiel al espíritu original según la interpretación de los expertos. Aunque se ha intentado hacer que las obras sean comprensibles al público contemporáneo (los CDs incluyen maravillosos textos y fotografías), los autores reconocen que no es este un producto comercial más, si no que está dirigido principalmente a un oyente con cierto criterio e intereses elevados.

La discografía del grupo se compone de tres álbumes de estudio: Mesomedes, Symphonia Panica y Pugnate; así como un directo: Cave Carmen.
De ellos he tenido la oportunidad de escuchar Symphonia Panica, centrado en la flauta de Pan, tal como su nombre sugiere, y Pugnate. Pugnate es, posiblemente, más asequible al público general (y con general me estoy refiriendo a aquellos interesados en estos temas, claro). En Pugnate el grupo nos deleita con una selección de temas relacionados con los combates de gladiadores (Pugnate significa Luchad) y música de festividades, como tres himnos, dedicados a Diana, Némesis y Helios respectivamente. Pugnate también incluye una excelente interpretación del extremadamente bello Epitafio de Sikilos. Este no es un tema romano, claro, pero siendo tan bonito, ¿a quién le importa?
También dentro de Pugnate tenemos el tema Oktokaidekasimos Hydraulikon, donde podremos escuchar el sonido del órgano de agua directamente desde la antigua Grecia.

En resumen Musica Romana es un grupo/proyecto que resultará fascinante para todos los amantes de la Historia, en especial para los apasionados de la cultura clásica. Pero también puede ser interesante como banda sonora para partidas de rol ambientadas en Roma o para dar un puntillo épico (¡y purista!) a partidas de DBA con ejércitos clásicos.
Página web de Musica Romana.
Myspace de Musica Romana.

martes, diciembre 21, 2010

Talisman


Este fin de semana tuvimos la oportunidad de trastear con Talisman durante las jornadas Arkadia.
Tenía ganas de probar este juego, todo un clásico publicado por primera vez por el Imperio Maligno allá por 1983. Era una de esas leyendas del mundillo que aun me quedaban por probar, así que la ocasión fue propicia para echarle un vistazo.
Jugamos a la cuarta edición del juego, publicado en castellano por Devir a un precio de 40 euros. No excesivamente caro considerando la voluminosidad del producto y los precios del sector. Consta de un gran tablero estupendamente ilustrado, dados, contadores, varios mazos de cartas, fichas de personaje y figuras para representarlos. La calidad del material es notablemente buena, con un acabado estupendo. Las figuras son del tipo "goma dura"; ninguna maravilla para los aficionados a wargames de miniaturas que estarán acostumbrados a calidades más altas, pero son bastante dignas y mejoran las fichas de cartón en peana de ediciones anteriores. Incluso se podrían pintar, si se le echa ganas.
Está diseñado por ser jugado por hasta 6 jugadores y las partidas durarían alrededor de 90 minutos. Obviamente a más gente más tiempo, sobre todo si se cuenta con jugadores "concienzudos" que planifiquen su estrategia con mucho detalle.


En cuanto al juego en sí venía con la idea previa que había oído en numerosas ocasiones: es la oca con elfos y orcos. Y -qué cosas- la descripción no podía ser más acertada.
Básicamente el esqueleto es el mismo; avanzamos por el tablero donde habrá casillas buenas y casillas malas con el propósito de llegar a la casilla final.
Talisman añade color al juego clásico gracias a los personajes -cada uno de ellos con unas habilidades- y a las cartas de los distintos mazos. En lugar de contar con una ficha sosa seremos un mago, un elfo, un guerrero... con unos talentos y características propias. Mientras nuestro héroe recorre el tablero iremos enfrentándonos a peligros y recolectando seguidores y objetos mágicos que nos ayudarán en nuestra misión. El propósito no es otro que llegar a la casilla final y coronarnos como señores del mundo de Talisman.

Es un juego muy sencillo, demasiado básico quizás para quienes busquen una experiencia similar a Hero Quest. Mirándolo objetivamente gusta porque en lugar de ser la ficha roja somos un guerrero, y en lugar de caer en la casilla del puente el dado nos lleva hasta la casilla de los túmulos. Eso y por ser un clásico, claro; algo así le da cierto glamour a un juego.
Nosotros nos aburrimos cuando llevábamos jugados unos 20 minutos y personalmente no me lo compraría, pero puede ser interesante para aquellos que busquen un juego sencillo con unas reglas que no tardan más de 5 minutos en ser explicadas, o para ser jugado con público no-friki.

Enlace a Talisman en Board Game Geek.

miércoles, diciembre 01, 2010

Cuando el dragón despierte

Hace un par de noches terminé esta peculiar ucronía que propone una suerte de versión fantástica del Ricardo III de Shakespeare.

Lo que más me atrajo fue su planteamiento de trasfondo: Juliano el Apóstata consiguió triunfar. Por supuesto pasó a la posteridad con un título ciertamente mucho más adecuado: Juliano el Sabio.
El legado más importante de Juliano fue el decreto de igualdad de todas las religiones. Así, sin ningún tipo de coacción y sin acceso a la realización de extorsiones y crímenes de estado, el cristianismo ha llegado hasta el siglo XV como una religión marginal de iluminados y parias. En las grandes ciudades europeas no sobresalen enormes catedrales, si no magníficos panteones donde se muestra respeto a todas las divinidades, mientras que el mitraísmo continúa siendo el culto más popular entre los señores feudales, militares y mercenarios.

A pesar de la luz de Juliano la Historia continuó su curso y las invasiones bárbaras propiciaron la caída del Imperio del Oeste. Pero Bizancio continúa existiendo y, aun más, cada día es más fuerte. No existe presión en Oriente y el islam ni siquiera es mencionado, así que los ojos de la corte de Bizancio se vuelven hacia Occidente. La práctica totalidad de la península itálica ha sido ya conquistada y el Imperio ha tomado parte en la Guerra de los Cien Años, pactando con Inglaterra y repartiéndose en dos mitades -norte y sur- la Galia, permitiendo tan solo la existencia testimonial de una Francia minúscula y carente de todo poder en el centro del territorio.

En este escenario aparecen los protagonistas. El personaje central es Hywel Peredur, un brujo galés, que a modo de Gandalf dirige a los héroes de la historia y mantiene contactos y relaciones con múltiples nobles. Le acompañan Dimitrios Comas -un candidato al trono bizantino huido de las intrigas y los cuchillos por la espalda palaciegos- y Cynthia Ricci -física al servicio de la casa Medicci que debe abandonar Florencia a causa de un pacto entre Bizancio y Milán-.
Los personajes son francamente interesantes y bien construidos, pero uno termina teniendo la sensación que no del todo aprovechados; ya sea por la longitud de la novela (a día de hoy un editor habría intentado forzar al autor a que crease una trilogía, cosas de los tiempos que corren), o porque las exigencias de la trama a partir de la mitad del libro hacen que los tres protagonistas queden en un paradójico tercer plano.

Y el caso es que, dejando de lado un trasfondo ucrónico tan interesante, el autor se centra en redactar una suerte de versión del Ricardo III de Shakespere. La trama empieza a enredarse en las conspiraciones cortesanas de Ricardo de Gloucester, Eduardo IV, Jorge de Clarence, Lord Hastings y compañía. Los héroes se ven empujados en medio de la obra del bardo inmortal, siendo poco más que palmeros de los protagonistas shakespearianos en un entorno donde las cruces se han sustituido por soles... y poco más.
El sugerente planteamiento de la primera parte de la novela se disuelve con la llegada de los héroes a las islas británicas y la trama es un reflejo de Ricardo III hasta una batalla final no especialmente épica, pero sí con alguna escena y algún diálogo que ciertamente quedaría muy bien sobre un escenario:
—Entonces, ve —dijo Ricardo, atragantándose—. Ve, Galahad. Descansa en ella tus manos ensangrentadas y cura con tu podrida pureza.
—Gracias, señor.
Rivers espoleó su caballo y se alejó al galope, cruzando en sentido opuesto las filas de sus hombres asombrados.
—¡Sabía que no lo harías! —le gritó Ricardo mientras se alejaba—. ¡Sabía que jamás lucharías en un torneo justo! —Se volvió hacia Dimi—. Bien, hermano Balan. Esta vez cargaremos juntos, ¿eh?


En resumen una obra interesante que gustará a los amantes de Shakespeare, pero que le deja a uno con la sensación de que podría haber llegado algo más lejos, y que unos buenos protagonistas se han ido difuminando hasta el anonimato literario.