miércoles, abril 07, 2021

Nemus: notas de diseño Shamiria

Cuando en un universo de fantasía se crea una cultura que evoque a la cultura(s) semita, o a Oriente Medio en general, es inevitable caer en una serie de lugares comunes. El ejemplo más cercano es Harad, pero los mundos de fantasía están llenos de no-árabes que viven en desiertos, hay caravanas de camellos, ciudades bajo las arenas y djinns. Con Shamiria he querido crear un entorno que huya de todo esto.

En lugar de eso he querido fijarme en Levante/Outremer. Concretamente en toda la zona cuna de los fenicios, que coincidiría, aproximadamente, con el actual Líbano. Particularmente en su parte más mítica, bebiendo directamente de Gilgamesh. Así tenemos un lugar cubierto por inmensos bosques de cedros gigantescos.
Los cedros son unos árboles formidables, que tienen la característica de crecer naturalmente sobre suelos calcáreos. Estos son unos suelos que no son muy fértiles por sí mismo pero que, convenientemente irrigados, pueden dar muy buenos rendimientos. Apoyado en esto utilicé un río para fundamentar en desarrollo agrario y económico de Shamiria. El Aguas Negras viene a ser una conjunción del Nilo, el Tigris y el Éufrates. Tanto él como su afluente nacen en las Montañas de la Luna, donde las lluvias estacionales provocan un aumento de su cauce que causa desbordamientos al llegar a Shamiria. La margen norte del río es escarpada, casi cortada a pico, por lo que este se desborda hacia el sur, anegando los campos shamirios y convirtiendo la tierra calcárea en una superficie muy productiva. Así, a orillas del río encontramos campos de cultivo y las ciudades principales (ciudades-estado que en un pasado lejano funcionarían y tendrían una relación entre ellas muy similar a las sumerias), después tenemos una segunda línea más seca, con algunos árboles productivos (principalmente olivos), antes de adentrarnos en el ecosistema propio de cedros. Los cedros son árboles realmente grandes, pudiendo alcanzar los 50 metros, aunque en Nemus muchos árboles son aun más grandes (considerad los más de 115 metros de una secuoya en nuestro mundo).
Aun más hacia al sur comienzan las estribaciones de unas montañas que alumbran el río que divide Apoikies y Adamastos. Aquí la vida es aun más agreste, y el paisaje es muy similar al que podemos encontrar en las vertientes más fértiles de los montes Zagros. Los habitantes de esta zona montañosa comparten una cultura común Shamiria, pero se trata de montañeses mucho menos sofisticados.


Como decía, en un pasado lejano, las ciudades importantes en Shamiria eran muy numerosas, pero en la actualidad las tres ciudades-estado que funcionan como súperpotencias regionales son Qart- Tamar (con hegemonía sobre el resto de urbes ribereñas), el importantísimo puerto de Atem en el norte, y el puerto de Dam Sascu a orillas del Mar de las Algas (más discreto, pero protegido por una mayor distancia respecto a sus competidoras). Después de siglos de conflicto, y tras una epidemia devastadora, estas tres ciudades eran los principales protagonistas pero, para poder terminar de dilucidar finalmente esta ancestral lucha por la hegemonía, las tres se encontraron con un enorme déficit de recursos humanos. Su solución fue recurrir a los vecinos de Nisia. En el periodo de la historia de Nemus que tratan estos hechos (800 años en el pasado) podéis imaginar perfectamente a los nisios como griegos clásicos. Su tierra natal tiene escasos recursos, por lo que están acostumbrados a emigrar (Apoikies y Adamastos merecerán que hablemos de ellas en el futuro, a Emporika ya la conocemos) y a guerrear, por lo que se convirtieron en excelentes soldados.
Las ciudades-estado de Shamiria estaban gobernados por diferentes formas políticas (en el texto vemos a un rey-sacerdote y a un tirano) pero, por su propia idiosincrasia productiva, su forma de guerrear era estacional, fundamentada sobre una gran masa de campesinos reclutados en levas y dirigidos por una nobleza terrateniente en cuerpos de caballería bien pertrechada. La baza de los nisios como infantería pesada era su capacidad para arrollar completamente las líneas de batalla shamirias, por lo que contratar a estos mercenarios se convirtió pronto en una necesidad para la superveniencia en cuanto un grupo de estos guerreros era ostentosamente reclutados por la ciudad vecina.


Pero, como sabemos por la historia de nuestro propio mundo, los mercenarios salen caros. Y unos mercenarios que no han recibido su sueldo son terriblemente peligrosos para su contratista. La solución del gobernante de Atem es también la habitual: aumentar la carga fiscal. La creación de impuestos nuevos suele ser algo bastante impopular, más si -como en su caso- esto toca a algo muy propio de los ciudadanos: sus creencias e identidad. Tener que pagar un impuesto por entrar en sus propios templos para pagar a unos extranjeros fue algo más allá de lo soportable, por lo que las revueltas estallaron pronto.
Nicómaco, el general de las fuerzas mercenarias, supo jugar bien sus cartas y ver una oportunidad política: entroncar con la realeza de la ciudad-estado. Pero el estratego, como superviviente nato y hombre de acción, supo oler la sangre  de su presa en cuanto esta estuvo tocada. Desde luego sus planes no serían pagar a cuenta de sus propios bienes la soldada de sus hombres, si no jugar rápido para minimizar el impacto económico. La jugada con la que eliminó a los nobles fue tan horrible como quirúrgica y efectiva. De pronto había conseguido una transferencia de élites, una forma de emigración de "alto nivel" que podemos ver en la conquista normanda, por ejemplo. En el caso de Nicómaco y Shamiria el parecido más evidente es la creación de los reinos helenísticos diádocos. Ahora la clase dominante estaba formada por Nicómaco -fundador de una nueva realeza- y una clase noble compuesta por los oficiales de alta graduación de sus mercenarios, quedando los soldados como hombres libres que, presumiblemente, recibirían su sueldo en forma de tierras si el nuevo gobernante no contaba aun con liquidez.
El problema para Nicómaco estaba en que las otras dos ciudades uniesen sus fuerzas haciendo causa común contra los golpista extranjeros, por lo que el nisio volvió a demostrar gran habilidad ofreciendo a los otros estrategos un gran cacho del pastel como gobernadores (por supuestos supeditados a él). Esto funcionó con Qart Tamar: Estratón aceptó la oferta y la dinastía Nicómida inició oficialmente su mandato.

El plan no fue también en Dam Samscu. Habiendo capturado al mensajero, el tirano de la ciudad tenía una información muy poderosa, pero también un problema muy peligros que podía convertirse en un avispero: tenía que eliminar al estrategos Eumenes y sus hombres de la forma más rápida y sistemática antes de que descubriesen la oferta de Nicómedes y Dam Samscu se despertase con hombres armados hostiles dentro de sus murallas.
El plan del tirano es perverso, pero no es algo que no hayamos visto ya en nuestro mundo, donde abundan las "vísperas". En teste caso aprovecharía la coartada de una celebración religiosa.
Que los nisios saliesen de esa situación con vida se debe en gran parte a la suerte: que el amante del propio Eumenes estuviese entre los shamirios conocedores de tal información fue una bendita casualidad. Pero jugar esas cartas tampoco eran sencillo, los nisios necesitaban idear un plan que se adelantase a los del tirano para poder abandonar la ciudad, habida cuenta de que un golpe no sería posible cuando el gobernante ya tenía en alerta a sus propias tropas. Afortunadamente para los nisios su plan funcionó y pudieron escapar.
A partir de ahí la epopeya de estos hombres está inspirada en gran parte por la Anábasis de Jenofonte, con una persecución cruel y salvaje por países desconocidos, atravesando tierras agrestes, encontrando su salvación particular al alcanzar la Vieja Tokhar, de la que es posible que Xoso nos cuente algo más adelante. Todo esto, recogido dentro del trasfondo de Nemus en la "Odisea de Otoño" tiene potencial incluso para convertirse en literatura real.
El caso es que el penoso viaje al oeste de estos hombres terminó cuando se sintieron seguros y, a orillas de un lago, fundaron Ostraka (que podéis entrever que se trata de una ciudad de expatriados). Si queréis imaginar Ostraka pensad en Bactria: un lugar de costumbres extrañas en una tierra totalmente diferente a ellos mismos y mayormente deshabitada. Ahora pensad que esto tuvo lugar hace 800 años, y que la Ostraka de Nemus hoy sería similar a lo que podría haber sucedido si el reino de Bactria hubiese sobrevivido hasta el 500AD. ¿Qué aspecto tendría la ciudad y sus habitantes? ¿Cómo se habría desarrollado su cultura en un total aislamiento? ¿Cómo se habría sincretizado con su entorno?... sin duda es evocador.


La situación de Shamiria en su conjunto es en parte similar a lo que haya podido pasar con Ostraka. Dam Samscu se mantiene independiente, con todas sus características culturales intactas, evolucionando de forma autónoma a lo largo de estos últimos 800 años. Mientras tanto, la Shamiria de Atem y Qart Tamar es un reino en el que la dinastía Seleucida y/o Ptolemaica ha sobrevivido hasta algo equivalente a nuestro sigo VI. Desde luego sus guerreros ya no parecerán hoplitas, si no thorakitai más evolucionados.
Pero aun más importante será su situación social. Los nobles de origen nisio se habrán convertido de facto en la clase social dominante aunque, en mayor o menor medida, se habría ido generando diversas formas de sincretismo. Dejaremos los detalles pendientes para cuando alguno de nuestros aventureros llegue a esas tierras.


Aunque indudablemente el panteón de Shamiria es rico y variado, las figuras principales son una pareja sagrada, tan habitual en las cultura de oriente medio y el creciente fértil. En este caso está compuesta por Eilram, fuertemente inspirado por Enkidu (también una entidad salvaje habitante de un bosque de cedros) y Tasmit, una entidad celestial asociada al sol (no tan poco habitual en las figuras femeninas de la mitología como pudiera parecer).
En un sentido muy literal Tasmit y Eilram representan la unión carnal entre la divinidad celestial y la divinidad telúrica, pero también juega con Tasmit como la entidad más sofisticada que llega de fuera y que civiliza a un Eilram que representa una sociedad pre-urbana.
El episodio que narra el pequeño relato nos cuenta cómo Eilram y Tasmit se convierten en los tutores y educadores de los primeros hombres, del mismo modo que el dios hombre-pez progenitor lo es en Mek-Idesi. Pero antes de rescatar e ilustrar a la humanidad la pareja sagrada se enfrenta a una raza pre-humana que tiene bajo su yugo a los seres humanos. Pero, ¿cuanto hay de mito y cuanto de recuerdo ancestral en esta historia?

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