Escenografía: huerto

 En su día hice unos cuantos campos de cereal con el sistema del felpudo de paja, pero de un tiempo a esta parte estaba dándole vueltas a la idea de hacer un huerto de verduras y hortalizas como un nuevo elemento para el conjunto de escenografía del poblado rural. Este es el resultado.


La principal diferencia práctica es que este es un conjunto cerrado. Los muros están pegados a la base del elemento y forman una única pieza.
En primer lugar corté la base, delimité la zona donde irían las piedras de los muros y comencé a pegarlas. Para esto usé la mayor parte de las piezas que me habían sobrado cuando hice la torre. Esto me ha parecido particularmente interesante, porque ha sido una forma de representar en la práctica como los elementos arquitectónicos de la antigüedad fueron reutilizados posteriormente para necesidades mundanas.
Después esculpí vagamente unos choricillos de pasta para modelar para representar las ondulaciones y los surcos del sembrado. Unifiqué toda la zona central utilizando pasta para baldosas.
Para la puerta utilicé maderitas de manualidades.
En la esquina podéis ver una pala y una azada. Están hechas de palillos y cartulina. Me pareció un recurso interesante para introducir un poco de detalle en un elemento sencillo como este.
El pintado no tiene ningún misterio: una vez más pinceles secos y lavados.


En esta ocasión la labor de decoración era particularmente importante. Empecé colocando unos frutos que recogí y dejé secar. No sé qué representan exactamente a nivel de juego/mundo, pero tienen una forma, tamaño y color interesantes. Envolví estos frutos con follaje oscuro y utilicé otro más claro para representar lechugas, berzas o lo que tenga a bien pergeñar la imaginación del observador.
Para romper un poco más la monotonía de los muros volví a recurrir al musgo para representar plantas trepadoras.

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