miércoles, diciembre 09, 2015

Las ruinas del Antiguo Imperio III/III

La restitución teológica de Iulianus tuvo un inesperado efecto secundario. Muchos aristócratas habían abrazado el Triple Culto para ganarse el favor de Constancius; al ser purgados la administración imperial se vio privada de un gran número de funcionarios competentes. La corrupción -que siempre había existido discretamente en el Imperio- alcanzó cotas verdaderamente escandalosas. Y los emperadores que sucedieron a Iulianus no resultaron ser mucho mejores.

Para intentar paliar la corrupción la administración imperial decidió cobrar los impuestos en su totalidad en cada provincia y ciudad. Anteriormente una parte de los impuestos permanecían allí para cuidar de las infraestructuras, pagar al funcionariado local y a las milicias y guardia urbana. En teoría el Estado centralizaría estos aspectos y seguiría ocupándose de ellos. En la práctica raramente era así.


Y, aunque los impuestos aumentaban constantemente, las arcas imperiales estaban casi vacías. No hacía mucho que los territorios de ultramar se habían perdido o estaban seriamente comprometidos. El Imperio había decidido abandonar Atrebatia y el territorio nominal que controlaba en Marcemania. Estos mismos marcemanios habían recibido tierras al norte y al este de Vataria. De igual manera los skallaagrim se asentaron como federados en Duchet. Las guerras y los movimientos de población habían dejado amplias zonas despobladas y la presión fiscal aumentó sobre el campesinado. En un giro sorprendente de los acontecimientos, muchos campesinos emigraban a los territorios ahora administrados por los skallaagrim y los marcemanios, donde la carga impositiva era casi inexistente. Aun algunos cruzaban el Cola de Sierpe para establecerse entre los borios.

La respuesta imperial a esta situación fue aun más desastrosa: se incrementó la acuñación de monedas añadiendo metales más baratos a cada aleación. Ya no eran piezas de bronce, plata y oro, si no aleaciones adulteradas para rebajar el coste. El Estado comenzó a pagar sueldos y facturas con este dinero. El valor del dinero se desplomó, la inflación aumentó más allá de lo imaginable y el trueque se extendió entre aquellos que podían recurrir a él.
Muchos soldados (que dependían completamente del sueldo del Estado y que en absoluto podían hacer uso de los trueques) se amotinaron o formaron bandas de maleantes que saqueaban las tierras de aquellos a quienes debían proteger.

En lo peor de aquella crisis el gobernador de Ludicia se autoproclamó Emperador del Pueblo Ludicio y declaró la independencia, cortando el flujo de los impuestos y consolidando un auténtico Estado. Con los ejércitos imperiales en verdaderos harapos el Emperador se vio obligado a contratar nuevos mercenarios de Boria y Marcemania, si bien no con dinero contante y sonante sí con la promesa de su parte en el saqueo de Ludicia. Tras una espantosa guerra de guerrillas en los bosques ludicios la provincia traidora cayó. Pero el gobernador y todo su tesoro habían desaparecido. Algunos reyes marcemanios exigieron extensos territorios en Vataria en compensación por la paga inexistente. Otros permanecieron en Ludicia y encontraron que nadie fue a pedirles que se retiraran. Los borios cruzaron el Cola de Sierpe y se establecieron en ambas márgenes.
El Antiguo Imperio no habría podido pagar siquiera a sus propias tropas de no ser por Isola. Ante Fundatio se presentó una embajada de la ciudad-isla con una propuesta: pagar por su independencia. El Emperador aceptó aquél trato con alegría.

Cuando Sirus el Ingenuo accedió al trono imperial todos los territorios de ultramar se había perdido completamente. No solo eso, Vataria y Ludicia eran ahora reinos marcemanios, toda la mitad sur de Eliria pertenecía de facto a las tribus borias, y la nobleza nórdica se había hecho con gran parte de Tarania mediante acuerdos matrimoniales con la nobleza imperial de la provincia. Isola lleva varios años siendo un Estado independiente. Trantio, Atria y Caisria estaban casi despobladas, habiendo emigrado sus habitantes a territorios bárbaros. Felsina había decidido protegerse a si misma después de varios conflictos con los skallaagrim y "protegerse" parecía traducirse como "administrarse".
Fundatio era una mera sombra. Calles sucias, templos vacíos, manzanas completas despobladas y edificios cayéndose a pedazos.

Durante los últimos años del reinado de Sirus el Ingenuo este repudió a Brimhilde, su esposa y miembro del clan de la tribu de los Aurios, de los marcemanios. Sirus declaró que Brimhilde le había sido infiel con Sigard, capitán de la Guardia del Emperador y, a su vez, miembro del clan de los Cardistios. Tanto los Cardistios como los Aurios rechazaron la acusación que ponía en entredicho su legendario honor y se levantaron en armas. Aterrado, Sirus pidió ayuda a Ffalstad, del clan de los Schilirdas, nobleza skallaagrim del oeste de Tarania.
El ejército de caballería pesada skallaagrim logró poner en fuga a los mercemanios. Tras su victoria Ffalstad puso a Sirus bajo su protección y lo casó con su hermana Asirnil.
A la muerte de Sirus, Asirnil se casó con Ulstav, de los borios sarlirios, que reclamó para sí el trono imperial. En aquel entonces el que fuera el mayor imperio de Nemus comprendía las ruinas de Fundatio y las aldeas de pastores de las riveras del Taurio.

Hoy el Antiguo Imperio no es más que un montón de hermosas ruinas en manos de una miríada de reyezuelos bárbaros. Solo Isola (y Emporika) mantiene y ha continuado la tradición imperial. Felsina es independiente a su peculiar y pragmática manera.
Al noreste, la provincia de Atrevatia a la que se le ordenó resistir sola, lo ha logrado a duras penas, aunque mantiene una guerra constante con las tribus marcemanias, pero la cultura imperial va diluyéndose con los años al regresar, poco a poco, a las tradiciones propias de los atrevatios una vez la capa cultural imperial va desvaneciéndose.
Se rumorea que en una provincia de Ludicia el heredero de aquel autoproclamado emperador independiente está levantando un nuevo reino con la población imperial que rechaza a los marcemanios y con unos cuantos voluntarios atrebatios, pero podrían no ser más que habladurías de taberna.
Ruinas, leyendas y mitos, viejas leyes y armas que aun hoy usan pueblos de toda Nemus; es todo cuanto queda del Antiguo Imperio mientras su memoria va poco a poco disolviéndose en el olvido.

12 comentarios:

  1. Y azi cayo el impero romano de ozidente.... diiggooo el antiguo imperio ezte...

    Pasamos a cosas mas salseras?? :D

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    1. Igual ya el año que viene :P

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    2. O es un what if juliano el apóstata hubiera tenido éxito (aunque el triple culto es una mezcla entre las tres grandes monoteístas)

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    3. Algo de eso puede haber ;)

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  2. Calidad literaria, ¡Che! Como me gusta Nemus.

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    1. No sé si para tanto, pero gracias :)

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  3. Excelente punto con el tema del incipiente "Nuevo Imperio" en Ludicia. Podría ser el escenario idóneo para estructurar toda una serie de relatos y escaramuzas... incluso campañas.

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    1. Algo relacionado con eso habrá en Atrebatia ;)

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  4. Un buen final, como comenta Bairrin estilo imperio romano, pero así tenía que ser. Como crítica constructiva, hecho de menos un mapa para aclarar tantos reinos y subreinos, y un árbol genealógico y temporal. Es mucho pedir, lo se, pero así sería perfecto ;)

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    1. Bueno, está en el capítulo anterior. No lo incluí de nuevo para no ser redundante ;)

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  5. A lo mejor me quedé encasillado con Tolkien, pero esta "historia antigua" me parece más importante que la geografía. Si no, parece que esa gente ha aparecido ahí de un día para otro. La imagen de los viajeros medievales que llegaban a Roma y la encontraban casi abandonada y en ruinas siempre me ha parecido muy evocadora. A mí me gustaría ver más tarde el equivalente de un Aragorn acampado a la puerta de Minas Tirith, o un Arturo sacando la espada de la piedra, pero si has sido tan realista y poco maniqueo con el relato me parece que no va a ser así.

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    1. Es curioso que lo menciones, pero tenía presente como eco esos cuadros de los artistas europeos que viajaban a Roma y pintaban obras de campesinos y ciudadanos entre las ruinas del Coliseo y otros monumentos.

      Quizás en estos capítulos del Antiguo Imperio he pecado un poco más de "historiador" que de "poeta que sugiere", pero la idea general era esa, sí ;)

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