miércoles, septiembre 16, 2015

Rodas, la Hija del Sol

Ya estaba terminando el verano y yo sin leer nada de sandalias, como viene siendo tradición. Así que saqué esta novela de la pila de lectura para cumplir.

Siendo de Gillian Bradshaw era un tiro fijo. Me gusta mucho cómo escribe esta autora. Sobre todo sus personajes. Tiene una forma de reflejar sus personalidades que, desde un punto de vista literario, considero fascinante.
Tal vez el problema sea -irónicamente- que sus personajes son muy majos. Obviamente quitando los villanos el resto de personajes resulta siempre entrañable. Quizás sea un defecto como escritora, o quizás sea que vivimos una época muy oscura. Aun así son personajes -y libros- muy recomendables para lectores jóvenes.

Siguiendo un poco esa línea tal vez pueda criticar que el protagonista de esta novela tiene unos valores y una forma de pensar muy del siglo XXI. Incluso la trama tiene un giro que casi podríamos considerar feminista y que sería muy difícil que se diese en el periodo en que se trata.
Claro que a esto podemos contraponer el argumento de que no nos han llegado muchas opiniones sobre moralidad y ética del mundo antiguo más allá de los intelectuales conocidos (que no eran precisamente desfavorecidos ni pobres). Y aun así hay alguna voz crítica entre ellos.

En "Rodas, la Hija del Sol" nos encontramos en plena época helenística. En el periodo de las guerras de los diádocos. Una ambientación impresionante que, inexplicable y desafortunadamente, ha sido muy poco explorada tanto en la novela, como en el ensayo u otras formas de ocio (cine, juegos...). Este es uno de los principales puntos a favor.
Concretamente nos vemos inmersos en la III Guerra Siria, o Guerra de la Reina Laodice. Y la vivimos junto a la República de Rodas, que se esfuerza en mantener la independencia y la paz entre los poderosos reinos diádocos de Egipto, Siria y Macedonia. Concretamente, en lo que a Rodas respecta, el principal problema es mantener la región libre de piratas para que el comercio (el motor de su economía) continúe siendo próspero.

En este viaje acompañamos a Isócrates, un joven y humilde oficial que se ve inmerso en una cruel rivalidad con un pirata cretense, al tiempo que cae en las tramas y conspiraciones de Laodice III. Y además tiene tiempo para enamorarse de una citarista. También vemos en directo el mítico coloso, por cierto.
Tenemos batallas navales, escaramuzas a pedradas en plan psiloi, espionaje, conspiraciones y una historia de amor que, aunque más extensa de lo que a mi me gustaría como lector, he de reconocer que no se hace en absoluto pesada ni resta espacio al resto de tramas.

A destacar todo el tema naval, del que sé muy poco y del que he aprendido bastante con este libro (amén de haber tenido que consultar en el diccionario varios términos náuticos).
De lo que me he quedado con la duda es si es cierto que los piratas pintaban sus barcos de azul para camuflarse mejor y los macedonios los pintaban de rojo para, no sé, ¿ser más épicos?
Curioso el dato de que el derecho náutico actual sea heredero directo de las leyes del mar rodias; no tenía ni idea.

Una novela de aventuras e intriga política. Ligera y divertida. Bien documentada. Incluso se aprende bastante con ella. Así que recomendada.

2 comentarios:

  1. Rodas... ese nombre que huele a peplum y a maravillas perdidas... XXDD

    Por mi parte decirle que todavía estoy masticando la novela de sandalias que empecé. Estó de la época clásica es duro... XXDD

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Podías haberme dicho y te habría recomendado una apetitosa. Que tampoco es cosa de empezar con cecina :P

      Eliminar