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Desde mediados del siglo IV las tribus norteñas y occidentales de Germania empezaron a asolar los asentamientos romanos de Britania. El secreto de su éxito se debía a que eran excelentes marinos de cabotaje que, a bordo de sus sólidas y maniobrables gabarras, eran capaces de llegar desde las costas orientales del mar del norte hasta la región este de Britania. Esto ocasionaba continuos problemas a los romanos, que acabaron denominando “Litoral Sajón” a la costa oriental de Britania.
Tal como era habitual entre los pueblos germánicos, los habitantes del norte de Germania esgrimieron sus espadas como mercenarios al servicio de los romanos. Probablemente para ellos resultó preferible servir en una región a la que podían llegar fácilmente en barco que operar en la Europa continental, donde godos, hunos y diversas facciones romanas luchaban despiadadamente por el poder.
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En 343 muchos fuertes del interior del territorio romano, como los situados en el valle del Tyne, fueron asaltados y quemados, posiblemente a causa de incursiones pictas. Para enfrentarse a esta situación cuerpos federados de anglos y sajones fueron reclutados masivamente. Pertenecen a este periodo algunas inscripciones de estilo romanizado en el Muro, refiriéndose al dios guerrero nórdico Tiw y otras divinidades guerreras como las valquirias.
Durante años estos pueblos germánicos vivieron y lucharon en Britania, desarrollando un sentimiento de patria después de tanto tiempo viviendo y sangrando por aquella tierra, sentimiento que fue solidificándose mientras el dominio romano sobre Britania empezaba a tambalearse.
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Pero cuando Máximo, gobernador de Britania, se autoproclamó emperador y partió hacia la Galia con sus tropas, las fronteras quedaron debilitadas y el muro de Adriano fue sobrepasado. En los siguientes años los romanos fueron retirando sus guarniciones completamente.
Una nueva era empezó para Britania...
La invasión de Britania comenzó con el joven y talentoso Atheling, que conseguiría coordinar a anglos, frisios, jutos y daneses del sur para realizar un asalto de gran envergadura.
Más tarde Hengest reclamaría el título de señor de los jutos y, con alrededor de 200 guerreros, entró al servicio de un caudillo britano-romano llamado Vortigern. Asentados en el sur de Britania, Hengest y sus hombres ayudarían a conformar una defensa efectiva a lo largo de la costa y las vías fluviales contra las incursiones de otros pueblos germánicos. Otra segunda base, en la actual Hengistbury Head, serviría para mantener controlada la región occidental. La esfera de poder de Vortigern cubría gran parte del sur de lo que hoy es Inglaterra, desde Kent a las tierras al norte de Londres y hasta las ciudades fronterizas con Gwent, tierras que, más tarde, se convertirían en el corazón de Dumnonia. Toda esta región, protegida por Hengest, serían el gérmen de la futura invasión anglosajona y de la idea que hoy conocemos como Inglaterra.
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Hengest (semental) y Horsa (caballo) nacieron para ser leyendas, y es posible que muchos de los hechos atribuidos a Arturo procedan originalmente de la saga de Hengest, como el mito germano de la espada en la piedra o el de “pasado y futuro rey” (‘once and future king’ ).
El símbolo de Hengest, un caballo o unicornio blanco, ha perdurado en la heráldica británica hasta hoy.
El número de germanos sirviendo en Britania había aumentado con la llegada de 1200 hombres bajo el mando de los primos de Hengest, Ochtha y Ebissa cuando, alrededor de 445, estalló una hambruna y una serie de revueltas. La caótica situación impidió que Vortigern pudiese pagar a sus tropas mercenarias, lo cual derivó en desastrosos acontecimientos.
Hengest y Horsa decidieron cobrarse su deuda en tierras y comenzaron una campaña militar que les llevó a asegurarse el control de Kent y a extender sus dominios hasta la importante ciudad de Canterbury.
Horsa fue finalmente muerto durante una importante batalla y su monumento, la piedra del caballo blanco, aun puede verse en Aylesford.
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Las campañas de Hengest continuaron hasta su muerte, alrededor de 490, cuando falleció a la edad de 70 años aproximadamente. Hengest sobrevivió a Vortigern, que consiguió huir de la masacre de Stonehenge para terminar siendo asesinado por su propio pueblo.
A la muerte de Hengest el título de Alto Rey de los Sajones pasaría a Aelle, un noble llegado a Britania alrededor del año 477 al mando de un importante número de hombres. Aelle ganaría el control de Sussex y se enfrentaría a los reinos britanos de Gwent y Dumnonia.
Durante su vida Hengest alcanzó una serie de logros extraordinarios, fundando él solo un nuevo país y un nuevo pueblo: los ingleses, fundiendo a anglos, jutos, frisios, suevos, sajones y gautas.
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Los sajones eran temidos por su extraordinaria destreza con el saex, tanto en su versión corta como larga.
Infantería de Old Glory, caballería de Essex.
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