viernes, enero 29, 2010

Sajones para DBA

El cartógrafo Ptolomeo escribió acerca de los sajones en el siglo II, situándolos mucho más al norte de la moderna Sajonia, entre las tierras de los frisios y los anglos, al norte del Elba. Los sajones, muy probablemente, formaban parte de la confederación Swaef o Alamanes (“all men”, todos los hombres). Beda el Venerable, escribiendo en el siglo VIII, diría de los sajones continentales que no tenían rey, si no una suerte de caudillos o mariscales que eran elegidos en votación en tiempos de necesidad.

Desde mediados del siglo IV las tribus norteñas y occidentales de Germania empezaron a asolar los asentamientos romanos de Britania. El secreto de su éxito se debía a que eran excelentes marinos de cabotaje que, a bordo de sus sólidas y maniobrables gabarras, eran capaces de llegar desde las costas orientales del mar del norte hasta la región este de Britania. Esto ocasionaba continuos problemas a los romanos, que acabaron denominando “Litoral Sajón” a la costa oriental de Britania.

Tal como era habitual entre los pueblos germánicos, los habitantes del norte de Germania esgrimieron sus espadas como mercenarios al servicio de los romanos. Probablemente para ellos resultó preferible servir en una región a la que podían llegar fácilmente en barco que operar en la Europa continental, donde godos, hunos y diversas facciones romanas luchaban despiadadamente por el poder.

Tribus como los Frisios, establecidos a lo largo de la frontera norte del Imperio Romano, estuvieron entre los primeros nórdicos en ser destacados como guarnición federada en Britania. Muchos fueron destinados a la defensa de los muros de Adriano y Antonino, donde aprendieron de las formas de lucha de romanos, britanos y pictos. Adquirieron muchos conocimientos acerca de la orografía, las infraestructuras e incluso de otras milicias federadas, como los sármatas, que tuvieron una profunda influencia en el estilo de lucha britano después de la desaparición del domino romano.

En 343 muchos fuertes del interior del territorio romano, como los situados en el valle del Tyne, fueron asaltados y quemados, posiblemente a causa de incursiones pictas. Para enfrentarse a esta situación cuerpos federados de anglos y sajones fueron reclutados masivamente. Pertenecen a este periodo algunas inscripciones de estilo romanizado en el Muro, refiriéndose al dios guerrero nórdico Tiw y otras divinidades guerreras como las valquirias.
Durante años estos pueblos germánicos vivieron y lucharon en Britania, desarrollando un sentimiento de patria después de tanto tiempo viviendo y sangrando por aquella tierra, sentimiento que fue solidificándose mientras el dominio romano sobre Britania empezaba a tambalearse.

En 369 la eficacia de los ataques anfibios germánicos quedó demostrada después de diversas razzias en las costas britanas. Los romanos respondieron estableciendo un sistema de defensa a lo largo de la costa oriental con torres de vigilancia y atalayas. En ese tiempo muchos fuertes fueron reforzados y el muro de Adriano fue restaurado.
Pero cuando Máximo, gobernador de Britania, se autoproclamó emperador y partió hacia la Galia con sus tropas, las fronteras quedaron debilitadas y el muro de Adriano fue sobrepasado. En los siguientes años los romanos fueron retirando sus guarniciones completamente.

Una nueva era empezó para Britania...

La invasión de Britania comenzó con el joven y talentoso Atheling, que conseguiría coordinar a anglos, frisios, jutos y daneses del sur para realizar un asalto de gran envergadura.
Más tarde Hengest reclamaría el título de señor de los jutos y, con alrededor de 200 guerreros, entró al servicio de un caudillo britano-romano llamado Vortigern. Asentados en el sur de Britania, Hengest y sus hombres ayudarían a conformar una defensa efectiva a lo largo de la costa y las vías fluviales contra las incursiones de otros pueblos germánicos. Otra segunda base, en la actual Hengistbury Head, serviría para mantener controlada la región occidental. La esfera de poder de Vortigern cubría gran parte del sur de lo que hoy es Inglaterra, desde Kent a las tierras al norte de Londres y hasta las ciudades fronterizas con Gwent, tierras que, más tarde, se convertirían en el corazón de Dumnonia. Toda esta región, protegida por Hengest, serían el gérmen de la futura invasión anglosajona y de la idea que hoy conocemos como Inglaterra.

Hengest y su hermano Horsa fueron personajes legendarios también durante su vida. En sus figuras resonaban los ecos de muchos hermanos míticos entre los pueblos nórdicos; Alf y Yngwe entre los suevos, Haetchcyn y Herebeald entre los gautas, Dan y Angul entre daneses y anglos, Raos y Raptos entre los vándalos, Aior y Ebor entre los langobardos... Estos eran reflejos de los hijos de Woden, los dioses de la luz y la oscuridad Balder y Hother. Los romanos documentaron a aquellos dioses como equivalentes de los Dioskouri griegos, y le dieron el nombre genérico de Alces o Elks y aseguraron que se trataban de jinetes y patrones de los jinetes.
Hengest (semental) y Horsa (caballo) nacieron para ser leyendas, y es posible que muchos de los hechos atribuidos a Arturo procedan originalmente de la saga de Hengest, como el mito germano de la espada en la piedra o el de “pasado y futuro rey” (‘once and future king’ ).
El símbolo de Hengest, un caballo o unicornio blanco, ha perdurado en la heráldica británica hasta hoy.

El número de germanos sirviendo en Britania había aumentado con la llegada de 1200 hombres bajo el mando de los primos de Hengest, Ochtha y Ebissa cuando, alrededor de 445, estalló una hambruna y una serie de revueltas. La caótica situación impidió que Vortigern pudiese pagar a sus tropas mercenarias, lo cual derivó en desastrosos acontecimientos.
Hengest y Horsa decidieron cobrarse su deuda en tierras y comenzaron una campaña militar que les llevó a asegurarse el control de Kent y a extender sus dominios hasta la importante ciudad de Canterbury.
Horsa fue finalmente muerto durante una importante batalla y su monumento, la piedra del caballo blanco, aun puede verse en Aylesford.

La campaña vivió uno de sus momentos más cruciales durante una tregua, en la cual los hombres de Hengest se citaron con los nobles britanos en Stonehenge. Los sajones acudieron aquella reunión llevando escondidos sus saex y, traicionando todo concepto de honor, asesinaron a 300 jefes britanos.
Las campañas de Hengest continuaron hasta su muerte, alrededor de 490, cuando falleció a la edad de 70 años aproximadamente. Hengest sobrevivió a Vortigern, que consiguió huir de la masacre de Stonehenge para terminar siendo asesinado por su propio pueblo.
A la muerte de Hengest el título de Alto Rey de los Sajones pasaría a Aelle, un noble llegado a Britania alrededor del año 477 al mando de un importante número de hombres. Aelle ganaría el control de Sussex y se enfrentaría a los reinos britanos de Gwent y Dumnonia.
Durante su vida Hengest alcanzó una serie de logros extraordinarios, fundando él solo un nuevo país y un nuevo pueblo: los ingleses, fundiendo a anglos, jutos, frisios, suevos, sajones y gautas.



La ferocidad de los sajones fue atroz durante la invasión de Britania. Su devoción al dios de la guerra Tiw (Týr) o Saexneat estaba estrechamente entremezclada con su arma nacional, el seax. Este arma, de la que tomaban su nombre como otros pueblos germánicos (como los francos y su francisca), era un largo machete de un solo filo de una excelente factura. La popularidad del cuchillo largo entre los pueblos germánicos se debía al hecho de que, en manos expertas, era capaz de encontrar los puntos vulnerables en una armadura enemiga. Era un arma de combate muy cercano, donde un guerrero hábil podía introducirlo entre las piezas de la armadura enemiga o buscar las partes descubiertas.
Los sajones eran temidos por su extraordinaria destreza con el saex, tanto en su versión corta como larga.

Infantería de Old Glory, caballería de Essex.

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