domingo, diciembre 18, 2005

Aníbal


Hace unos días terminé de leer Aníbal, de Gisbert Haefs.
Lo cierto es que fue una suerte que apareciese en la colección de novela histórica de El Pais por unos 3 eurillos, ya que la edición en pastas duras estaba en las librerías por 30 eurazos. Eso hace que uno se plantee muchas preguntas.

Ha sido un libro interesante y bien escrito, donde las peripecias de la familia Barca nos son narradas por un banquero de origen heleno amigo de los bárcidas.
Me ha gustado especialmente la manera en que ha sabido mantener la intriga en una obra cuyo final es conocido por todos, pero por momentos parecía que la situación podía darse la vuelta y terminar de un modo diferente. Solo por eso ya merece una recomendación.

Al terminar la lectura me dió por mirar críticas y encontré una mala en Bibliópolis.
El sujeto que firma la reseña se queja de que no se ha tratado a Aníbal con suficente profundidad, que el narrador tiene demasiado protagonismo y que se presta poca atención a la primera Guerra Púnica.
Qué mal me cae esta gente. Señores, esto es novela histórica; si se quiere un análisis permenorizado de lo que lleva en la mochila hasta el último scutarii ¿por qué no recurre a Polibio y deja de parecer un, por qué no decírlo, tocapelotas?, si se quiere un nivel literario altísimo recurra usted a Shakespeare. Francamente, podrían haber hecho la misma crítica a Trafalgar, de Galdós, y quedarse tan anchos.
Desde luego esta gente debería dedicarse a ir de picnic con Harold Bloom -ese tipo que tanto complejo de inferioridad les causa- y dejar de comparar Otelo con libros de cocina o la serie de Dragonlance.

Lo único reprochable es que demoniza en exceso a los romanos. La acusación es que los romanos ansiaban conquistar y los cartagineses solo territorios con los que comerciar. Ante la cuestión de la dominación púnica en Iberia se excusa en que es una zona que no tienen más remedio que ocupar para estabilizar el equilibrio de poderes en el Mediterráneo occidental. Es algo así como ponerse a determinar quien era el "malo", si Antíoco el Grande o Ptlomeo V, aunque lo soluciona perfilando al seleucida como un poco tonto pero buen chico. De todos modos si que refleja bien la "locura helénica" y las interminables guerras de los diádocos.

Una novela recomendable que le hace que uno se cuestione muchos "what if" y que ha sido la causante de que, durante su lectura, me ponga a coleccionar y pintar dos ejércitos para DBA: cartagineses tardíos y romanos políbios (aunque he terminado expandiendo los romanos para poder jugar con un ejército de cualquier época).

Durante la lectura de la obra resulta interesante ir dejándose impregnar de "mediterraneidad", para lo cual es de gran ayuda que nos pongamos una banda sonora adecuada (no, Serrat no, por mucho que nos guste la canción en cuestión), para lo cual me permito recomendar a Savina Yannatou y su discazo Songs of the Mediterranean, que es capaz de proporcionarnos una canción para cada uno de los lugares que visitan los protagonistas de esta epopeya.

En conclusión, un relato lleno de tristeza que no dejará indiferente a ningún aficionado (y no digo profesional, pero también teneis a Polibio) a la historia, una excusa para escuchar un poco de música mediterránea (ahora mismo se me ocurren Azam Alí, Elefteria Arvanitaki, Alkistis Prosoptalkis o Elena Ledda) y un trampolín perfecto para zambullirse en DBA, claro.

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