sábado, marzo 04, 2006

Las locas aventuras de un friki en Grecia

Hace unos años me pasé de la fantasía épica a la novela histórica y la cosa mejoró mucho (no solo en cuanto a calidad literaria porque, quitando a Tolkien, no es que Margaret Weiss o Salvatore vayan a pasar a la historia por su talento). Y algo que me emocionaba especialmente era la posibilidad de viajar a esos lugares en los que uno ya ha estado gracias a sus lecturas; es algo así como la posibilidad de visitar Lothlorien.
Así que mi principal objetivo era seguir los primeros pasos de Alejandro y visitar Grecia antes de cumplir los 26 años (claro, no resulta muy atractiva la idea de darse un paseo por la antigüa Persia) tenía que pisar Atenas. De forma inesperada conseguí convencer a mi pareja y el pasado mes de Febrero salimos para allá.

Tan pronto como pudimos divisar el puerto del Pireo desde el avión me empecé a emocionar con el conocido "frenesí friki" (igual que el que sufrimos al entrar en una tienda llena de miniaturas), ¡por todos los dioses, ya estábamos allí!

Lo primero que uno descubre al pisar Atenas es que Grecia es un país de constrastes. Si, es un tópico, pero nunca ha sido más cierto. Gente de lo más tirada paseando junto a personajes vestidos de Dior, deportivos y coches de la Rusia soviética en la misma calle...
Y la locura. Los griegos parecen estar completamente locos; circulan a gran velocidad por el centro de la ciudad, los peatones cruzan la calzada por cualquier parte sin inmutarse porque los coches se acercan a toda velocidad, la gente se saluda a gritos de un lado a otro de la calle y se hablan a voces mientras se acercan... si, un lugar realmente curioso.

Cuando llegamos ya estaba anocheciendo pero yo no podía esperar más; dejamos las maletas en la habitación del hotel y salimos a toda velocidad, mapa en mano, en busca de la Acrópolis.
No dimos más que unos pasos por la avenida Athina, llegamos a Monastiraki y, al levantar la vista, ¡allí estaba!
Afortunadamente no hay documento gráfico de ese momento, en el que señalando no dejaba de repetir "la acrópolis, es la acrópolis, allí está la acrópolis, es la acrópolis..." con lágrimas de emoción en los ojos.
No quedó más remedio que ponerse a sacar fotos cual japonés y rondar por la zona hasta que empezó hacerse patente que tantas horas en avión cansan lo suyo, por lo que decidimos volver al hotel para poder madrugar al día siguiente.

Nos alojamos en un hotel céntrico, el hotel Eurípides, en la calle del mismo nombre. Habíamos leído en alguna crítica que el hotel estaba en una calle un tanto inquietante llena de gente con mala pinta. Me pregunto que clase de racista pondría ese comentario; nuestra calle era el punto de confluencia de los barrios de los hindús, los chinos y los árabes ¡por las muelas de Phillip K. Dick! eso era como vivir en Los Ángeles de Blade Runner. Por todas partes había tiendas de especias, peluquerías indias, carnicerías musulmanas... y las tiendas de chinos que hay en todas partes.
El hotel era modesto pero confortable, además el recepcionista hablaba bastante bien español, lo que ayuda a tranquilizar los nervios iniciales.

Al día siguiente nos levantamos alrededor de las 7:00 y, después de desayunar, salimos como alma que lleva el diablo hacia el conjunto de monumentos de Atenas.
Era una bonita mañana, con una sensación térmica de -14ºC y nieve que golpeaba como cellisca. Así que pasamos las primeras horas del día subidos en la Acrópolis rodeados de japoneses y sacudidos por el viento.
La primera sensación fue "¡oooohhh que bonito!" la segunda fue "¡jodó qué de mármol!". Es curioso que con la cantidad de mármol que tienen no te dejen coger nada del suelo; al más minimo movimiento sospechoso sale un tipo tocando un silvato y señalándote con el dedo. Eran bastante buenos en su trabajo, aunque yo también soy bastante bueno.

Según entras tienes a la izquierda tienes a las famosas cariátides del Erecteion. Es dificil reprimir el comentario: "mira, esas salían en mi libro de Historia del Arte".
Desafortunadamente no te dejan acercarte demasiado a pesar de que sean réplicas (las originales están en el museo) y todo sigue en esas obras que parece que no terminen nunca.

Después del incidente con el superhéroe del silvato y el dedo acusador visitamos el museo de la acrópolis.
Después de varios "¡oooh!" más disfruté de otro "momento friki": ¡es Alejandro, es Alejandro!
Hacía unas semanas que lo había pintado para mi ejército macedonio de DBA y allí estaba, mirándome con esa simpática mirada de tarado suya. Instante de gran emoción pero, aunque habría pasado días en ese museo, salimos apresuradamente porque aun quedaba mucho por ver.

El ágora romana, el teatro, la torre de astronomía, el cementerio...
Tampoco quiero extenderme demasiado pero, a pesar de la grandiosidad de todos los monumentos, el pequeño cementerio clásico fue el lugar más impactante. Preciosas tumbas con conmovedores epitafios y esculturas con una preciosa expresión de tristeza. En especial la tumba de dos hermanas (teneis la foto y ampliada en detalle junto a estas línesas), la de un joven soldado y la de un oficial de la caballería ateniense. Debería haber sacado fotografías a los textos para que no se me olvidasen, pero siempre recordaré lo emocionantes que eran (momento "aguantar lagrimilla").

A la altura del templo de Zeus hicimos una pequeña ofrenda en el Estanque de los Muertos. Seguramente también estaba prohibido, pero uno sentía la obligación de echar unos óbolos por si alguien se quedó sin dinero suelto para pagar al Barquero.
Era un pozo pequeño pero, por alguna razón, llamaba la atención entre tantas obras colosales, a pesar de estar a plena luz del día transmitía una sensación inquietante y atractiva. La oscuridad de sus aguas y las ojas secas ayudaban a darle un aire realmente místico.

Mientras visitábamos la antigüa ágora un arqueologo que estaba por allí nos dejó pasar a una pequeña capilla donde se encuentra la imagen del pantocrator que sale en tantos libros de religión, evangelios y propaganda cristiana que todos hemos tenido ocasión de sufrir.

Un día interesante, muchas cosas para ver y la sorpresa, al volver al hotel, de descubrir que habíamos pasado 11 horas caminando si parar. Eso cansa.

Al día siguiente salimos hacia el Peloponeso. Pasamos por Salamina (otro momento de emoción friki), el canal de Corinto, y nos detuvimos en el impresionante teatro de Epidavros.
Resulta sobrecogedor verlo en invierno, sin apenas turistas, y rodeado de nieve.
Como había que hacer la prueba de rigor me puse a recitar los primeros versos de la Ilíada y ¡funciona!, despues de siglos y siglos la famosa acústica sigue funcionando.
Aunque realmente yo lo comprobé después, cuando unos japoneses se pusieron a hablar en el centro del escenario.


Continuamos el día dirigiéndonos hacia la tumba de Agamenón (otro momento friki) y la famosa puerta de los leones (el primer escudo heráldico de Europa).
La sensación de estar pisando Historia es indescriptible, saber que el barbudo que descubriste en La Ilíada vivió aquí realmente te hace sufrir una especie de escalofrío constante: aquí vivió y aquí está enterrado uno de los héroes que cruzó el mar en las mil naves hacia Troya. Si, aquí mismo, y en esa tumba de allí está enterrado.
Impresionante.

Pasamos la noche en Olimpia y, al día siguiente visitamos el complejo de las famosas olipiadas clásicas. Allí viví mi momento estelar de las vacaciones.
Allí estaba la pista olímpica, aquí corrió Fidípides y por mis pistolas que voy a correr yo. ¡Y el bolas!
Finalmente mi pareja no me dejó correr en cueros, qué le vamos a hacer, pero por lo menos iba a correr descalzo.
Así que me descalcé, me puse en la línea de mármol de la salida (¡que de mármol hay en este país!) y salí corriendo como si mil cíclples me persiguieran.
Una vida de friki (es decir: ejercicio = 0), un estómago lleno de salchichas al vino (que desayuno más estupendo) y varios grados bajo cero formaron un explosivo cocktail que se tradujo en, al poco de haber recorrido el estadio, unos estupendos vómitos y una simpática cagalera.
Afortunadamente soy de Barakaldo y me repuse pronto.
El museo de Olimpia estupendo, el wc del museo estaba muy limpio.

De allí salimos para Delfos, pasando por Lepanto.
Espectacular Delfos. Increíbles vistas y muchos momentos frikis recordando a todos los héroes que pasaron por allí. Memorable momento con Endakil en "el ombligo del mundo".
Por desgracia mi novia no me dejó "probar" el estadio de Delfos.

"Momento regateo" en las tiendas locales para hacerme con una reproducción del templo de Atenea. Puse en práctica mi inglés (me dijeron que hablo inglés tan rápido que es difícil entenderme), mi escaso griego y unos interesantes "spanglish" y "greenglish".
De los 20 euros iniciales me saqué el templo (para DBA, claro) por 8. Seguro que les cuesta 2 producirlos, pero yo me fui bastante satisfecho.


De allí salimos hacia Kalambaka y sus espectaculares paisajes.
Hicimos unas cuantas compras en la tienda de las monjitas del monasterio de San Estaban: un marcapáginas bizantino la mar de bonito y unos chismes religiosos para mi abuela, que le gustan mucho "esas cosas".

De allí ya regresamos a Atenas, cruzando las Termópilas a velocidad griega (entre el sonido y la luz) y descansamos para un día de compras antes de regresar a España.

Los griegos son unos vendedores increíbles. Se ve que lo hacen desde hace siglos.
Todos se dirigían a mi en griego, por alguna razón decían que tenía cara de griego y, cuando les decía que era de Bilbao, me contaban esa misteriosa leyenda de los viajeros minoicos que se asentaron en lo que hoy es el País Vasco, así que nos trataban como una especie de primos perdidos.
Resultaba increíblemente fácil entenderse con ellos entre el inglés y una extraña mezcla de español e italiano que chapurreaban.
Y, como he dicho, vendían muy bien. Tanto que entré a comprar una camiseta en una tienda y salí con tres. El tipo era todo un showman así que le dije "¡Qué demonios! yo solo quería una camiseta pero dame tres... eres bueno, tío, eres muy bueno!"

Así que este es el resumen de las divertidas peripecias de un friki en Grecia.
Posiblemente alguno de vosotros quiera fotos de lugares y cosas específicas, así que si quereis podeis pedirlas y el tío Endakil las subirá y las comentará en breve.

Homenaje al Barbas

Corrían los primeros años '90, yo era un feliz crío proyecto de friki. Había terminado de leer El Señor de los Anillos y quería algo más. Por esa época comencé a coleccionar Altos Elfos de GW pero solamente pintaba (horriblemente) porque no había nadie que jugase a ese extraño juego. Fue entonces cuando apareció Magic: The Gathering.
Un friki llamado Goizeder me enseñó a jugar; era un extraño juego de cartas, con un aire realmente místico en el que cada jugador representaba el papel de un mago que se enfrentaba al otro en un duelo de magia (supongo que por eso alguno lo llamó "rol de cartas" y cosas parecidas). El juego me encantó y me compré mis primeros mazos para empezar a jugar. El tal Goizeder me enseñó amablemente, no sin tongarme alguna carta (lo de aquel Vesuvan Doppleganger aun me escuece).

Fue en aquel entonces cuando me enteré que en una pequeña librería de mi ciudad vendían sobres, mazos y algunas cartas sueltas. Se llamaba Librería Retuerto y la atendía un tipo al que, por alguna razón inexplicable, llamaban El Barbas (cuenta la leyenda que antes tenía barbas, pero realmente ahora no puedo recordarlo).


La cosa fue evolucionando y la librería fue dejando de ser tal y progresivamente se convirtió en una sui generis tienda friki.
Más y más cartas sueltas de Magic, comics y productos Games Workshop, tanto nuevos como de segunda mano: todo un paraíso de oportunidades.

Recientemente la tienda se trasladó a un nuevo local unos metros más adelante. Ahora es más grande y cuenta con una zona para frikear un rato que siempre está copada por grandes y pequeños jugando a Magic.

Puede que no sea la tienda más grande, ni la tienda con más variedad de productos (aunque su catálogo de cartas sueltas es uno de los mayores de España, por lo que es famosa a nivel nacional) pero, sin lugar a dudas, cuenta con el tendero más excepcional: El Barbas.

El Barbas, en si mismo, puede considerarse una de las rarezas de la tienda, es tan singular que es otra de las razones por las que es difícil considerar a la Librería Retuerto una tienda friki como a las que estamos acostumbrados.
El Barbas rompe la habitual equivalencia "tendero friki = borde prepotente", nunca se ha andado con oscurantismos y nunca se le ha visto enfadarse o soltar una mala palabra ni aun cuando la tienda está llena de los típicos críos jugadores de Magic que no paran de gritar y pedir cartas realmente malas que ellos consideran estupendas.


Acostumbrados a visitar tiendas frikis donde a uno le tratan como a un potencial chorizo o a un tonto, a sufrir la ineptitud o la prepotencia de tenderos mil (ya sean autónomos o trabajen como dependientes en el establecimiento de alguna empresa conocida) visitar al Barbas es una experiencia única en la vida de un friki. Un tipo divertido, que te trata con respeto, te pregunta tu opinión sobre cualquier novedad, que siempre tiene alguna oferta irresistible y que es capaz de conseguirte el producto más insospechado (¿quieres un Black Lotus? dale unos días ¿un comic raro de hace años? él te lo consigue) es, sin duda, algo único.

Hace un tiempo que tengo el Magic un tanto aparcado (aunque aun guardo algunos mazos preocupantemente caros) pero me he dejado allí unos buenos chines en cartoncitos, así que últimamente he venido aprovechando las estupendas ofertas del Barbas en miniaturas de segunda mano.
Práctiamente me hice allí con todo mi ejército imperial por unos precios estupendos y recientemente compré todo lo que necesitaba para actualizar mis Elfos Silvanos. En otros sitios también hicieron "ofertas de lanzamiento" con los Asrai, pero es muy difícil superar las de El Barbas y, en cualquier caso, prefiero comprarlo allí.

Es sorprendente lo que uno puede encontrar en su stock de segunda mano; desde miniaturas que están nuevas (el niño al que se las regalaron debió habrir la caja y, dándose cuenta de que no tenía intención de pegar todas esas pieza, decidió venderla tal cual) hasta las extraordinarias antigüedades que guarda en las cajas de la trastienda (tener la suerte de poder sumergirse en una de esas cajas es como viajar hasta la prehistoria de GW).

En fin, este blog no habría sido un frikiblog completo si no contase con este sentido homenaje a El Barbas. Ningun friki podrá decir que ha vivido si no peregrina a su tienda al menos una vez en la vida.

Librería Retuerto,
Gpo. Laizaga 1, Barakaldo.